Belgrano y la Marina Mercante
03/06/2020
Belgrano y la Marina Mercante
03/06/2020

Texto extraído de la revista Cuadernos Número 59. Edición digital

Publicación especial dedicada al Gral. Manuel Belgrano. 250 años de su nacimiento, 200 años de su fallecimiento*

Autor: Santiago Tettamanzi

La relación entre Manuel Belgrano y la Marina Mercante puede considerarse que tiene su origen en sus funciones como Secretario del Real Consulado de Buenos Aires, en tiempos del Virreinato del Río de la Plata.
Un Real Consulado creado por el Rey Carlos IV, que tuvo su sesión inaugural en Buenos Aires el 2 de junio de 1794, donde Manuel Belgrano, con sus 24 años de edad, iniciaba dicho Secretariado, cargo del cual había sido notificado de su nominación durante su estadía en España, en una entrevista en el despacho de Dn. Diego de Gardoqui y Arríquibar, Ministro de Hacienda del Reino.
Aquella sesión inaugural registra entre sus miembros a los más conspicuos detentores del manejo comercial porteño, en su mayoría originarios de la metrópolis, entre ellos Marcó del Pont, Álzaga, Santa Coloma, Martínez de Hoz, Sáenz Valiente, Escalada, Lezica, Elorriaga.
El joven doctor Belgrano volcó en su función sus ya visionarios proyectos de desarrollo. El historiador Felipe Pigna en un párrafo de su biografía de Mariano Moreno ilustra sobre ello, cuando dice: “… la antigua sede del Consulado, el lugar donde Manuel Belgrano había soñado en tiempos coloniales durante 16 años un país justo, educado y productivo…” (1).
Y uniendo esos sueños de desarrollo y educación Belgrano fomenta desde su función un proyecto de creación de una escuela de carácter técnico, que vaya más allá de la enseñanza meramente humanista que era por entonces la única en el Virreinato.
La enseñanza de la náutica cubría dichos fines, pues incorporaba conocimientos de diversas áreas: matemáticas, geometría, física, mecánica, astronomía, dibujo, planos, hidrografía, cabuyería, entre otras.
La presentación realizada ante el Consulado por Dn. Juan Alsina, un Piloto Mercante y también Agrimensor, radicado en Buenos Aires, proponiéndose a la dirección de una instrucción náutica, ayudó a que la Junta del Consulado en reuniones del mes de marzo de 1799 acordara el establecimiento de una Escuela y que “en ella se enseñe con arreglo a las instrucciones que gobiernan las de Cádiz, La Coruña, y otras mantenidas por los Consulados”, según reza en la reunión del 30 de marzo.
En dicha reunión se fija una nominación de maestros directores para aquellos que, ante una Junta, la obtuvieran por oposición en sufragios de examinadores, citándose “por carteles” a los interesados. De todo ello, resulta Director el Ingeniero Dn. Pedro de Cerviño, y Subdirector, o Segundo Maestro, el ya citado Piloto y Agrimensor Dn. Juan Alsina.
El Reglamento del establecimiento, fechado el 12 de septiembre, fue redactado por el Doctor Belgrano, y en uno de sus puntos decía: “…el principal objeto es el estudio de la ciencia náutica, proporcionando por este medio a los jóvenes una carrera honrosa y lucrativa, y a aquellos que no se dediquen a ella, unos conocimientos lo más a propósito para sus progresos, bien sea en el comercio, bien sea en la milicia o cualquier otro estudio…”.
La Escuela de Náutica se asentó físicamente en la casa del Real Consulado, de la hoy calle San Martín, actual sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires, y los cursos tuvieron su inicio el mismo 1799, el 25 de noviembre. En homenaje a ello actualmente se celebra el Día del Marino Mercante en esa fecha.
En aquella ocasión el Director de la Escuela al poner de relieve “…las ventajas de la nueva marina en el paiz…”, agregó “…con frutos y marina haremos un comercio activo, nuestras relaciones mercantiles tomarán la extensión de que son capaces; ya no seremos comisionistas serviles de los extranjeros, nuestras embarcaciones irán a los puertos del Norte…, con los fletes que hasta ahora han utilizado y dado fomento a la marina de los enemigos del Estado, se difundirán en la nación y la harán rica y opulenta…” .
El historiador naval Héctor Ratto se refiere a estos conceptos como “palabras que no debieran haberse borrado nunca de la mente de nuestros dirigentes más modernos” (2).
Demás está decir que los conceptos vertidos por el Director “…horrorizaron a la junta de comerciantes bonaerenses…”, tal como escribe el ya citado historiador en su obra (3); y el Prior del Consulado, Dn. Martín de Álzaga, expresó su disgusto, refutando al Director en Acta del 3 de enero de 1800.
Para colmo, en ocasión de los exámenes llevados a cabo en marzo de 1802, Manuel Belgrano pronunció un discurso donde dijo: “ …De aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas Provincias, sabéis que ya tenéis de quien echar mano para que conduzcan vuestros buques; sabéis también que hallareis jóvenes que con los principios que en ella adquieran, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesionales en todas ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemáticas, presentarán al universo, desde el uno al otro polo, el cuño inmortal de nuestro celo patrio…”.
Pero todo tiene su precio; desde el Despacho Universal de Marina e Indias, el 15 de septiembre de 1806, el Capitán General de la Armada y Ministro de Marina, Dn. Francisco Gil y Lemos, remitía al Virrey Sobremonte su protesta contra el Consulado, el desagrado de Su Majestad, la inobservancia de Reales Órdenes, la falta de la intervención y de la dependencia del Comandante de Marina en el Río de la Plata (Montevideo), la inobservancia de las Ordenanzas Generales de la Armada que declaran al Director General como Inspector Nato de todas las Escuelas Náuticas del Rey, la intromisión en asuntos privativos exclusivamente de un Xefe de Alta Representación, la falta de acuerdo con el Comandante de Marina como único que puede reconocer una Escuela en su condición de Subdelegado Nato del Director General en toda la extensión de su mandato, etc., etc.
Su admonición remataba diciendo que “…Su Majestad ha resuelto que desaprueba el establecimiento de la referida Escuela y los certámenes expresados, como que todo se ha verificado sin autoridad legítima y contra su determinante voluntad…”, y finalizando: “…Comunico todo a V.E. de Real Orden para su inteligencia y cumplimiento…”.
La Escuela cesaba en sus acciones pedagógicas, pero sus dirigentes, docentes y alumnos se presentan a los cuerpos militares formados para la Defensa de Buenos Aires contra la nueva Invasión Inglesa de 1807, los reciben el Tercio de Gallegos y el Cuerpo de Patricios; el piloto y agrimensor Juan Alsina por su pericia con la artillería naval opera una pieza en la Compañía de Capitanes y Pilotos Mercantes, muriendo junto a su cañón y siendo sepultado sus restos el 6 de julio en la Iglesia de la Merced (su hijo Valentín y su nieto Adolfo serían más tarde reconocidos jurista y político, respectivamente); el Ingeniero Cerviño como Comandante del Tercio de Gallegos se enfrenta el 2 de julio con los ingleses en la entrada oeste de la ciudad; en la Tercera Compañía del Tercio pelea en las calles contra el invasor un alumno de 15 años, quien luego sería General en la Vuelta de Obligado, Dn. Lucio Norberto Mansilla.
Varios fueron los intentos de reapertura de la Escuela, iniciando con la Primera Junta, luego en 1813, un nuevo intento en 1818, otro en 1833, haciéndolo definitivamente en marzo de 1896 continuando hasta el presente, formando Oficiales de la Marina Mercante, como Escuela Nacional de Náutica ”Manuel Belgrano”.
El legado de Dn. Manuel Belgrano para con la Marina Mercante continuó así cumpliéndose en lo referente a la educación y formación humana.

En cuanto a la Marina Mercante bajo pabellón nacional como instrumento de la Soberanía y grandeza del País, luego de un período de esplendor y desarrollo, sufrió una contracción que colapsó en la década de 1990 donde se vieron sepultados los ideales del ilustre Visionario, Doctor y General de la Patria.

Notas:
(1): Felipe Pigna “La Vida por la Patria – una biografía de Mariano Moreno”, Edit.Planeta,2017, pág.412.
(2): Cap.de Fragata (Ret.) Héctor R. Ratto “Hombres de Mar en la Historia Argentina”, Escuela Naval Militar, Río Santiago, 1945, pág.78.
(3): Ibiden

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